Elaine Vilar Madruga, escritora/author

Poesía

"Por mi único deseo".

Escrito por ElaineVilarMadruga 01-12-2014 en Escritos para compartir. Comentarios (0)

Por mi único deseo

Elaine Vilar Madruga

                                                                    “Por mi único deseo…”

                                                           (Inscripción en el tapiz franco- flamenco

                                                                           “La dama y el unicornio”).


Me habían comprado un unicornio.

Una espada.

La clarividencia.

Todo por una moneda de cobre

a la vieja mujer de los pastores.

Mi padre le entregó una oveja a cambio,

y ella le dio cada pedazo de la magia

de mi bestia:

un unicornio, una espada,

el miedo de saberlo todo.

En la desnudez de las playas amé a un pastor

por dos monedas de cobre

infinitas;

sin pensar en la bestia de un cuerno que gritaba

no, no, no,

y rugía sobre las rocas y la arena.

Mi cuerpo y el pastor eran el silencio:

esquife de la noche.

Habíamos pagado

tres veces tres,

(nueve monedas de cobre)

a la Maga.

El unicornio lloraba entre mis muslos,

hundía su cuerno en mis sargazos,

pero yo amaba al pastor y no a la bestia

desde aquella mañana en que mi padre

me compró veintiséis años de vida

y toda aquella clarividencia innecesaria

por solo dos monedas de cobre,

tan viejas;

mueca de ese tiempo perdido

donde el unicornio hunde su cuerno entre mis piernas

y comienza a maldecirme,

silencioso.



16 de diciembre de 2011



"Diluvium". Premio Oscar Hurtado 2011 en la categoría de poesía.

Escrito por ElaineVilarMadruga 01-12-2014 en Escritos para compartir. Comentarios (0)


Diluvium

Elaine Vilar Madruga


Este acorde decapitado del silencio

viene a naufragar conmigo sobre el rumor de la bestia.

Dicen que el oficio, que la costumbre de confundir la sal,

no es más que un percance de los tontos

que vuelan sobre pastos imprecisos.

También yo he confundido los colores e imagino cómo,

-después del agua-

podré encontrar una salida hacia tierras que aún existen

como manos espléndidas al ofrecer el rito de los árboles.

Ver el final del agua, del océano como dios que me sonríe

desde la profundidad donde moro,

ya que todas las tierras del planeta se hunden silenciosas,

con la calma del ahogado que traga su eternidad,

buche a buche.

Es parte de mi certeza el saber que soy el único que aún hace estas preguntas,

mientras aborto un refugio inapelable

a esos otros que no sobrevivieron a la estampida del diluvio,

a las ciudades y naves inundadas como barcas por el péndulo estéril de la muerte.

Es mi deseo la preñez insatisfecha

de volver a probar la fiebre y las trampas de la lumbre

que han de vivir cuando el agua se retire.

No descubro por qué el diluvio me sostiene

agarrado a la imagen perentoria

de que he de buscar vida entre la culpa,

aún cuando se de lo imposible,

pues el agua ha penetrado hasta mis ojos,

hasta el fondo de mi garganta y de mis párpados,

para hacerme olvidar los nombres de mi máscara.

Dejo esta traza grabada, por si alguien escucha

que he creado un nido bajo el agua

- donde mi voz no sobrevive.

Afuera solo la lluvia que me niega,

que me escupe los ojos con su génesis,

que me confina a esta arca inhabitable

- bordada en el fondo del océano-,

y donde pese a todo espero a que el agua ceda al alimento,

a que acabe el agua y su sonrisa

desde el trono demente del verdugo.


20 de febrero del 2011


De mi libro (aún inédito) "Los óleos del tiempo". Poesía especulativa, que es lo mismo que decir de ciencia-ficción y fantasía.

Escrito por ElaineVilarMadruga 01-12-2014 en Escritos para compartir. Comentarios (0)


Los óleos del Tiempo

Elaine Vilar Madruga



Antes tuve el rostro de un dios sobre mi rostro,

acaso la palabra que nadie conocía

para bordarme la certeza del camino.

Ya no.

Me he perdido en el viaje de los pecios

que navegan sobre los ríos del Tiempo,

en saltos a través de dimensiones

como abanicos de plumas.

Soy vieja.

Sólo yo controlo las rutas de regreso a casa,

donde quizás me esperen los santuarios

de la anciana Tierra

-¿existirá aún?-,

o el silencio.

Prefiero quedarme de este lado,

sumergida en los óleos del Tiempo

como la breve hoja que no soy.

Prefiero quedarme embalsamada

entre los pliegues del cosmos,

conocer la respuesta y el enigma

de tantas estrellas innombrables,

la insólita música de aquellos que

-como yo-

quedaron atrapados

dentro de los ojos

del último dios clarividente.



8 de febrero del 2010.


Dejarte amar III

Escrito por ElaineVilarMadruga 17-11-2014 en Poesía. Comentarios (0)

                                                                                         Dejarte amar III

                                                                                     Elaine Vilar Madruga


Me he asomado al lodo vidrioso de los ríos.

Entonces supe que era Ofelia,

y la muerte en mi pómulo

una larva abatida de la incógnita:

ser o no ser,

  y el sargazo impávido

del vientre de las bestias

una escupida de dios para mostrarme

que he tragado la eternidad,

  buche a buche,

con el hábito fértil de la espera.

Donde otros descubrirán la herrumbre

yo pongo las flores azules del ahogado.

El grano vendrá a sembrarse

en mi mejilla como la pregunta a dios

que otros podrán responder

cuando sepan que soy Ofelia:

míos todos los maderos imposibles

a los cuáles pude asirme,

  pero no.

El esqueleto de las aguas

era una espiral demasiado portentosa

para negarme a beber lo eterno de su carne,

y esta pantomima de fingirme muerta

una parte más de la máscara que llamo rostro.

.

Esta incredulidad que otros leerán en mis manos

es nada más que un insulto a los escribas

y a sus manías de animales sumergidos.

Sepan todos que yo tuve la promesa de un rescate,

el juego de las improbabilidades

abandonándome en el segundo

en que el aire fue agua,

  y nada más.

Yo esperaba la luz,

  el rumor de la mano conocida

arrastrándome a los márgenes de la historia,

no sabía que la eternidad era persistente

y se introducía en mis palabras como un naufragio premeditado.

Sepan todos que esperé

como se espera al animal milagroso de los incrédulos.

Sepan todos que esperé

la incoherencia de lo eterno,

con la manía lógica de las bestias

que no saben dejar de amar.  


23 de junio de 2010